NUESTRA HISTORIA

Soy Mariana y quiero contarte nuestra historia. Tal vez sea un poco más larga de lo que esperabas, pero después de tantos años entendí que una vida compartida con los perros, y con las personas que uno quiere, no puede resumirse en unas pocas líneas.
Cuando todavía no nos conocíamos, Javier y yo ya habíamos descubierto, cada uno por su camino, que los perros iban a ocupar un lugar muy importante en nuestras vidas.

Mientras estudiaba Medicina Veterinaria, Javier comenzó a criar Cocker Spaniel Inglés y Cocker Spaniel Americano bajo otro afijo. Aquellos primeros años estuvieron llenos de aprendizaje, exposiciones y la enorme satisfacción de ver crecer perros nacidos de su propio trabajo y obtener grandes logros. En 1999 empezó su carrera de médico veterinario.

Mi historia comenzó de una manera diferente. También estudiaba Veterinaria cuando descubrí el Dogo Argentino, una raza que me apasionó desde el primer momento y que terminó marcando para siempre mi identidad como criadora. En 1999 comencé a participar en exposiciones y, en 2001, con el nacimiento de mi primera camada, registré oficialmente el afijo Albur Cano.
Sin saberlo, los dos estábamos escribiendo capítulos distintos de una misma historia.

Fue la propia cinofilia la que terminó reuniéndonos. Entre exposiciones, entrenamientos, viajes y reuniones con otros criadores nació primero una amistad y, con el tiempo, una relación que transformó también nuestra manera de vivir esta pasión.
En 2003 realizamos el Curso de Cinología de la Federación Cinológica Argentina. El cual actualizamos en los últimos años. Siempre pensamos que querer mucho a los perros no alcanza para criar con responsabilidad. Hay que estudiar, aprender y seguir formándose. Esa idea nos acompaña desde entonces y explica por qué nunca dejamos de capacitarnos.

En 2005 decidimos unir también nuestras vidas. Desde ese momento ya no fueron dos caminos paralelos, sino un mismo proyecto compartido.

Como ocurre en toda historia, también llegaron momentos difíciles.
Después de vivir una etapa profundamente significativa junto al Dogo Argentino, atravesé pérdidas que dejaron una huella muy profunda. Llegó un momento en el que entendí que necesitaba hacer una pausa. Nunca dejé de amar al Dogo ni de sentir que forma parte de mí, pero había llegado el momento de escuchar lo que el corazón necesitaba.
Al mismo tiempo, Javier también cerraba la etapa de los Cockers que había comenzado años antes.

Sin saberlo, estábamos por empezar un nuevo capítulo.
El Schnauzer Gigante Negro llegó a nuestras vidas de una manera muy especial. Javier sabía cuánto me gustaban los perros grandes y de trabajo. Yo, en cambio, sabía cuánto admiraba él las razas de pelo. Cuando apareció la oportunidad de incorporar nuestros primeros Schnauzer, sentimos que esa raza reunía un poco de cada uno de nosotros. No fue una elección impulsiva ni una moda. Fue una decisión que nos representaba.
Durante esos años también criamos Shih Tzu. Aunque nunca fue una raza que presentáramos en exposiciones, cada camada fue criada con el mismo compromiso y la misma responsabilidad que siempre intentamos poner en todo lo que hacemos.

Con el tiempo entendimos que cada raza nos estaba enseñando algo distinto. Cada camada nos dejaba una experiencia nueva y cada perro nos ayudaba, sin que lo supiéramos, a convertirnos en mejores criadores.
Aunque hoy compartimos un mismo proyecto, hay razas que siguen ocupando un lugar muy especial en cada uno de nosotros.

El Dogo Argentino siempre será una parte de mi historia. Y el Cocker Spaniel Americano nunca dejó de ocupar un lugar en el corazón de Javier.

Por eso notaba lo que reflejaban los ojos de Javier cada vez que veía un cocker en exposiciones. Y fue asi que sin decirle una palabra, empecé a buscar la cachorra con la que pudiera devolverle esa ilusión.
Aunque ya tenía experiencia criando perros, entendía que empezar un proyecto en una nueva raza exigía escuchar a quienes realmente la conocían. Busqué el consejo de un criador amigo y elegí cuidadosamente a Funny Face de Agro Laika.
Javier no supo nada hasta el momento en que la tuvo frente a él.
Mi idea era que él volviera a criar Cocker Spaniel Americano mientras yo seguía dedicada principalmente al Schnauzer Gigante Negro. Pero la vida, una vez más, tenía otros planes.
Sin darme cuenta, también empecé a enamorarme del Cocker. Aquella cachorra que había llegado para devolverle una ilusión a Javier terminó despertando una nueva pasión en mí. Así, casi sin proponérnoslo, comenzó la etapa que hoy representa la esencia de Albur Cano.

Con los años comprendimos que criar nunca fue, para nosotros, simplemente reproducir perros de raza.
Criar significa estudiar antes de tomar una decisión, conocer las virtudes y las debilidades de cada línea de sangre, cuidar la salud y el temperamento, respetar el estándar de la raza y, sobre todo, asumir la enorme responsabilidad que implica traer una vida al mundo.
Cada camada es el resultado de años de aprendizaje, de planificación y de decisiones tomadas con la cabeza y con el corazón.
Y, aunque después de tantos años la experiencia nos acompaña, hay algo que nunca cambió: cada parto nos sigue poniendo tan nerviosos como el primero. Creo que eso sucede porque nunca dejamos de olvidar que detrás de cada nacimiento hay una vida que depende de nosotros.

Con el tiempo, nuestro compromiso con la cinofilia fue creciendo de muchas maneras.
Las exposiciones nos enseñaron a observar mejor a nuestros perros.
La crianza nos obligó a estudiar cada vez más. Y, casi como una consecuencia natural de ese camino, llegó el juzgamiento. Entre fines de 2025 e inicios del 2026.

Javier comenzó ese recorrido siendo designado Juez Especialista de Labrador Retriever y yo tuve el enorme honor de ser designada Jueza Especialista de Cocker Spaniel Americano, la raza que hoy representa la esencia de Albur Cano.
Vivimos esos nombramientos con una enorme alegría, pero también con la responsabilidad de saber que ser juez significa estudiar todavía más, seguir aprendiendo y mantener siempre la objetividad y el respeto por cada raza.

Sabemos que este camino no termina aquí.
Tenemos el deseo de continuar formándonos para, en el futuro, incorporar nuevas razas y seguir creciendo dentro de la cinofilia con el mismo compromiso que nos acompañó desde el primer día.
Seguimos estudiando porque creemos que esa es la única manera de respetar verdaderamente a las razas que tanto amamos y a las personas que confían en nuestro criterio.

Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que nada de lo vivido fue casual.
Cada raza llegó en el momento indicado. Cada perro nos dejó una enseñanza. Cada alegría nos dio fuerzas para seguir adelante. Y cada tristeza nos hizo crecer.

Hoy, más de dos décadas después del nacimiento de Albur Cano, seguimos sintiendo la misma emoción que el primer día.
Todavía nos ilusiona una camada que está por nacer.
Todavía disfrutamos preparar un perro para una exposición.
Todavía sentimos esa mezcla de orgullo y nervios cuando un cachorro encuentra la familia que soñábamos para él.
Y todavía seguimos estudiando, porque sabemos que siempre queda algo nuevo por aprender.

Si algo nos enseñó la cinofilia es que los campeones llenan de orgullo un momento, pero son los perros que dejan una huella en nuestra vida los que realmente construyen nuestra historia.

Esa es la historia de Albur Cano.
Y, mientras haya un perro esperándonos al abrir la puerta de casa, sabemos que todavía queda mucho por escribir.

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